LA VERDAD: NO HAY ESPACIOS PARA ACUERDOS QUE JAMÀS SE VAN CUMPLIR.
En 1959, cuando gran parte de la humanidad había superado dos de las peores guerras de la historia, Winston Churchill acuñaba la siguiente moraleja a su obra cumbre y Premio Nobel (La Segunda Guerra Mundial):
“En la guerra: determinación.
En la derrota: resistencia.
En la victoria: magnanimidad.
En la paz: conciliación”.
Esta reflexión resulta vigente, oportuna y aplicable a nuestra cruda realidad.
En ese libro fundamental de la historia mundial contemporánea se puede
apreciar como "el pueblo británico sostuvo SOLO la lucha hasta que los
que habían estado medio ciegos, estuvieron medio preparados".
Las élites conservadoras y
liberales británicas eran partidarias de pactar un acuerdo con Hitler, era la
tesis de la coexistencia, de la entrega, muy parecida a la que sostienen
algunos sectores opositores venezolanos frente al régimen de Maduro, es la
tesis de la vergüenza al entregarse y reconocer la imposibilidad de vencer.
En medio de aquel ambiente
derrotista en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial aparece la terca y
polémica figura de Winston Churchill, quien contra la opinión mayoritaria de
los lideres británicos sostuvo la tesis de la dignidad, para Churchill no había
espacio para pactar con un fanático criminal como era Adolfo Hitler, el camino
era la confrontación armada, con el alto precio de sangre, sudor y lágrimas.
Esta es la parte de la historia,
con las prudenciales distancias, que nos sirven de lección, con delincuentes
no se puede llegar a ningún acuerdo. Hay que afrontar la realidad, si
realmente queremos salir del régimen chavista-madurista, no hay espacios para
acuerdos que jamás van a cumplir, pues su vocación totalitaria lo impide. El
precio es de sangre sudor y lagrimas que ya estamos pagando sin ningún
resultado y ni siquiera una esperanza.
Mientras el liderazgo no asuma la
realidad, se podrán hacer elecciones, que no eligen, se podrán sentar a comer y
a departir, podrán hacer negocios, se podrán hacer millonarios, podrán montar
bodegones, pero jamás se podrá tener la LIBERTAD. Se puede crear un statu quo
de convivencia y compadrazgo económico pero el comunismo y la satrapía
procubana seguirá dominando. Mientras el 95% de los venezolanos seguirán viviendo
en la pobreza, la inequidad y el exilio. No hay otra salida que el camino de la
dura confrontación y no me digas que quien va a poner los muertos, porque ya
son miles los que se han sacrificado para nada. No tenemos un liderazgo de la
talla de Winston Churchill, con su virtudes y defectos.
Si profundizamos un poco más en la obra de Churchill, vemos que de
manera reiterativa atribuyó el origen innecesario e irresponsable de la Segunda
Guerra Mundial a dos faltas monumentales en los líderes mundiales de los años veinte
y treinta del siglo pasado: sentido común y prudencia. De estas grandes
virtudes y, por supuesto, de la recta intención en nuestro actuar se derivarán
los aciertos y posibles éxitos de nuestras decisiones. Ser líder no es nada fácil, las exigencias éticas,
de idoneidad y valentía hacen la diferencia. No es la audacia de un loco demagogo
y populista, ni es la cobardía y el entreguismo de un colaboracionista. Es sostener
los principios, aunque nadie esté de acuerdo.
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