La falta de arepas en
Caracas obligó al General Páez a ir al Tuy.
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General José Antonio Paéz |
Los valles del Tuy desde la
época de la colonia eran la despensa y el granero de la ciudad capital, la
agricultura y la cría alimentaban a la población caraqueña, así fue hasta hace
muy pocos años en que se empezó a sustituir la producción agrícola por la
instalación de fabricas, las mejores tierras perdieron su vocación agrícola,
por descuido y falta de planificación. No hay razón para vivir la tragedia que
ha padecido el Tuy desde el siglo XIX, parece que para poder hacer industrias
era necesario acabar con la agricultura y para colmo de males hoy los valles
del Tuy dejaron la agricultura, no hay industrias y apenas somos un dormitorio
caraqueño con ferrocarril marginalizado por buhoneros, con pésimo mantenimiento.
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Arepas |
Entre los
tantos productos que suministraba el Tuy a Caracas, uno de los más importantes
era el maíz que permitía la fabricación de las arepas. Un famoso guerrillero
obligó a los agricultores a pagar vacuna y muchos prefirieron dejar el campo,
lo cual trajo una gran baja en la producción de maíz y los caraqueños se
quedaron sin las sabrosas arepas.
La falta de arepas en Caracas obligó al
general José Antonio Páez, quien ejercía el cargo de Intendente del
Departamento de Venezuela, perteneciente a la República de Colombia, a
entrevistarse con el bandido José Dionisio Cisneros en los valles del Tuy.
La Batalla de Carabobo no
significó la desaparición total de la resistencia armada realista en territorio
venezolano, en las montañas de la Cadena del Interior al sur de los Valles del
Tuy, en los límites con los llanos de Guárico, en los altos de Guatopo, se
mantuvo una guerrilla, de más de doscientos bandidos, capitaneados por José Dionisio
Cisneros, sargento del “Ejército Español” durante la guerra de Independencia.
Entre 1821 y 1832 se dedicó con ferocidad y violencia al pillaje, al secuestro,
al cobro de “vacuna de protección” en nombre del Rey Fernando VII,
desconociendo al gobierno de Colombia, representado en el Departamento de
Venezuela por el General José Antonio Páez. La situación de anarquía representó
un grave problema para encausar positivamente la producción agropecuaria de los
Valles del Tuy, granero y despensa de la capital.
Es el mismo General José
Antonio Páez en su” Autobiografía” es quien narra los hechos de este encuentro
con Cisneros, el cual resumimos: Los hacendados abandonaron los campos tuyeros,
la escasez de comida en Caracas, especialmente de maíz para la elaboración de
arepas, obligó al gobierno a la búsqueda de una solución, el mismo Arzobispo de
Caracas Dr. Méndez se queja ante el General Páez de la ausencia del pan de
maíz. El Gobierno comisiona al General Felipe Macero, en septiembre de 1830,
para que busque en sus madrigueras al bandido Cisneros, éste se escurre por los
caminos que solo él conoce, se hace casi imposible someterlo, sin embargo
capturaron a un hijo de Cisneros y lo trasladaron a Caracas. El general Páez
considera oportuno llevar adelante un plan distinto para vencer a Cisneros,
para lo cual asume una postura de protección y cariño con el muchacho, lo
colocó en un colegio, lo vistió, le puso zapatos, lo cual era considerado en
aquella época como un ascenso social. El General Páez decía que si le podía
poner unos zapatos a Dionisio Cisneros estaba seguro que abandonaría el monte y
sus acciones de pillaje guerrillero. Además le sirvió de padrino de
Confirmación, con lo cual creaba un vínculo de compadrazgo, el cual era muy
respetado por Cisneros quien era un católico ultramontano El General Páez,
Presidente de la recién creada República de Venezuela, busca las vías
conciliatorias para ganarse a Cisneros, quien tenía a Caracas pasando necesidad
por la baja producción de comida en el Tuy.
Se ve obligado en 1831 a separase
de la Presidencia provisionalmente y trasladarse a la hacienda Súcuta,
propiedad del Marqués del Toro, instalarse en el lugar cercano a Ocumare, donde
llegaban campesinos que sabían dónde estaba Dionisio Cisneros. Organiza grandes
saraos donde se toca, se canta y se baila un género musical antecedente del
joropo tuyero, denominado “Carrizo”. Se elaboraban sancochos, carne asada y las
ya famosas hayacas y lógicamente todo regado con el aguardiente de caña. Así
logro que lléguese a Cisneros el mensaje. “El Presidente Páez, “El taita”,
quiere una entrevista para buscar la paz”. Es así como se fija la entrevista en
el sitio de Lagartijo al sur del rio Tuy, el General Páez llega a estos montes
acompañado de dos edecanes y un antiguo lancero llanero que la acompañaba desde
1819. Páez ordena el lancero que anuncie su llegada al jefe de los bandidos,
para lo cual tiene que subir a una roca inexpugnable donde se hallaba
atrincherado Cisneros con más de doscientos bandidos todos armados con
trabucos, pistolas y machetes.
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Ruinas de la casa del marqués del Toro en Ocumare del Tuy |
Media hora después regresa el lancero y le
informa a Páez de la situación altamente peligrosa para su vida, pues Cisneros
le había dicho con una sonrisa tenebrosa que sería recibido como se merece.
Páez asume el reto con sangre fría, sabe que estos seres primitivos,
peligrosos, violentos sienten admiración por los hombres valientes, condición
indispensable del caudillo de la época, quien en gesto romántico y caballeresco
se juega la vida con arrojo para el logro de sus objetivos. Sube la cuesta y
llega a un paraje donde de repente del monte salen más de 200 hombres armados,
dispuestos a poner fin a la vida del primer lancero del mundo, al enemigo
jurado del Su Majestad Don Fernando VII. Al fondo de la espesura aparece la figura
de un hombre alto, fornido, con rasgos indígenas en rostro, armado con dos
pistolas en el cinto, en la mano una carabina de dos cañones, el cual se dirige
al General Páez en los siguientes términos:
__ -Páez ¿Cómo se atreve a subir
hasta aquí?
__ ¿Qué viene a buscar, lo que no
se ha perdido?
El general Páez le responde:
_Vengo sólo a entenderme contigo para poner
fin a esta guerra inútil, eres el último realista.
Responde Cisneros:
__Páez, no hay guerra inútil cuando se lucha
por Dios y Su Majestad, a quienes soy fiel hasta el final.
__Tu ves, con mis hombres puedo
luchar contra tus ejércitos, no les temo. Te he obligado a venir hasta acá y
ahora te puedo fusilar en menos de lo canta un gallo, quiero que veas la
habilidad de mis hombres con las armas.
El General Páez confía en su capacidad de
mando, sabe perfectamente que el bandido lo somete a una prueba, si flaquea o
demuestra debilidad es hombre muerto. Con voz firme Páez ordena algunas
maniobras que los hombres ejecutan con marcial precisión, se coloca delante
para ordenar una carga de fuego, sabe perfectamente que le pueden fusilar.
Cargan las baquetas y en un gesto supremo de locura o heroicidad ordena:
-¡Fuego!- Cisneros en el momento oportuno hace un gesto y los disparos pasan
rosando la cabeza del General Páez.
Cisneros admirado por el gesto de
suprema valentía, le dice:
_Lo que no lograron sus ejércitos
lo hizo su valor, de hoy en adelante cuenta con un amigo en las buenas y en las
malas.
Fue así como el General Páez regresó a la
Capital acompañado de Cisneros, se le dio el grado de coronel de la República.
Años después le correspondió combatir el
“Indio” Rangel y Ezequiel Zamora, durante la “Revuelta Campesina” de 1846, en
las cercanías de Villa de Cura. José Dionisio Cisneros muchas veces se salía de
las normas y la legalidad y volvía a sus andanzas de bandidaje y pillería,
afirmaba que su pacto era con el General Páez, no con las leyes de una República
en la cual no creía. Cansadas las autoridades competentes de esas
insubordinaciones, se le detuvo y se le sometió a consejo de guerra en Villa de
Cura y fue fusilado. Hoy queda el recuerdo de un terco realista, las leyendas y
consejas de sus tesoros enterrados en diversos lugares del Tuy.
Fuentes: General José Antonio
Páez “Autobiografía” Edición de la revista Bohemia. Caracas 1980.
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